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¿Por que elegiste un parto en casa?

“Estar en la comodidad de MI espacio para la concreción de uno de los momentos súper íntimos de mi vida y de mi familia.”
Flor Cordero

“Casi puedo afirmar que la razón principal para buscar una alternativa amorosa en el momento del parto (y por supuesto en toda la atención del embarazo) fue un profundo miedo a vivirlo con dolor físico y emocional.”
Ireri de la Peña

RODRIGO.- Porque es lo que más se acerca a la forma de nacer para la que estamos diseñados, a la forma que el bebé espera y en la que se sienta más confortable ya que todo se desarrolla en sintonía con la naturaleza humana.

MÓNICA.- Considero que parir y nacer son funciones naturales de los mamíferos, y nuestra especie las ha realizado exitosamente por miles de años, sin ninguna intervención innecesaria. Al tener mi parto en casa le doy su lugar a la sabia naturaleza, haciendo lo que miles de mujeres antes que yo han hecho, parir en el lugar dónde se sienten más cómodas, seguras y confiadas, y permito que la naturaleza siga su curso al evitar intervenciones innecesarias. Parir no es una enfermedad, por lo tanto no requiere de un hospital para curarla.


Rodrigo Pacheco y Mónica Jiménez

TESTIMONIO 2
Con todo nuestro agradecimiento y Admiración para Lucila.

Cuando me supe embarazada, busque alternativas de atención, pues la llegada de mi bebé, debería ser algo memorable.

Llegamos con Lucila, cuando tenia escasamente dos meses de embarazo, toda la atención que nos prestó fue suficiente para brindarnos seguridad y confianza, pues ella nos habló del proceso, tanto del embarazo como del parto y todas las posibilidades de atención. Todo el embarazo trascurrió maravillosamente, pues fue vigilado por mi partera, siempre alentándonos para luchar y poder tener un parto normal, pues también pinso que el trabajo de parto se puede trabajar con la mente.

Cuando llegó el gran momento de parir sentí un poco de temor; aunque ya había trabajado esta situación, me dejé llevar por experiencias de algunas mujeres que cuentan que el trabajo de parto es lo más doloroso del mundo, pero al llegar con Lucila y comentarle mi temor al dolor ella me trató con la calidez que la caracteriza y pude tranquilizarme de una manera inexplicable.

Mi trabajo de parto trascurrió de una manera rápida y tranquila, ya que en todo momento me sentí apoyada por mi pareja, Lucila mi partera y Ema su asistente, nunca tuve miedo a alguna complicación. La llegada de nuestra Bebé fue gratificante y todo lo que puedas sentir en el momento del parto se recompensa con los momentos de felicidad en los que mi pareja y yo pudimos conocer y recibir a nuestra pequeña hija Andrea.


Tere y Edgar

TESTIMONIO 3

El nacimiento de Lucio

A Laura Cao y a Judith Cano, mis parteras

Primero: quererse. Estar en contacto con su cuerpo.

Amar la vida y la naturaleza. El parto es parte de la naturaleza. La misma que crea a este ser tan especial y perfecto que es un niño, también está en el dolor del parto: rica de enseñanza para la que está dispuesta en tomarla, fuente de pesadilla para la que la rechaza.

Preparándome para el parto pensé mucho en la muerte. Sentía que eran muy ligados. Que uno iba hacia arriba –la muerte-, haciéndose luz, luz y más luz, y el otro hacia abajo –el nacimiento-, luz haciéndose siempre más densa, más materia. Que eran el vínculo, la puerta estrecha, entre dos mundos, entre nuestro mundo conocido y el misterio, tan reales el uno como el otro.

Y como quiero estar consciente el día de mi muerte y vivir plenamente este pasaje, quise estar plenamente consciente y presente el día del parto. En unión con la naturaleza, sumergida en ella. Viviendo cuerpo a cuerpo esa experiencia trascendente. Fue un viaje fuera del tiempo y del espacio. Tuve que ir en busca de una estrella y llevarla hacia la tierra.

Lo primero que siento cuando me acuerdo del parto es que fui muy privilegiada. Privilegiada por haberlo hecho en casa. Privilegiada por haber tenido un trabajo de parto corto - 5 horas de trabajo intenso. Privilegiada por haber tenido todo el apoyo que necesitaba para que todo saliera bien. Privilegiada también por haber vivido esa experiencia plenamente. Fue realmente un regalo.

Siento que el parto sucedió de la mejor manera y que todo me llevó a esto casi sin darme cuenta, como en un camino que se fue haciendo de manera medio inconsciente, aunque fue también un trabajo de preparación consciente a través de lecturas, reflexiones y decisiones.

Lo de la casa surgió “solo”. No estaba previsto así. Hasta dos semanas antes de parir, pensaba ir a una pequeña clínica con tina de agua y eso me hacía feliz. Dos cosas me hicieron cambiar: hicimos cambios en la casa y empecé a sentirme muy cómoda en ella; pusimos una cama amplia en el piso de la recámara y sentía por las noches que ahí podría parir. Otra cosa me hizo pensar: me enteré, con las parteras con quienes me estaba preparando, de dos casos que estaban previstos en casa y que acabaron finalmente en el hospital… así que pensé: se puede empezar en casa y, en caso de que se necesite, ir al hospital. Lo compartí primero con mi compañero que me dijo que si me sentía bien así: adelante. Luego lo planteé a la doctora y me dijo que sí, que era una posibilidad.

Creo que lo más importante en este tipo de decisión es sentir muy profundamente dónde una se siente más cómoda: si es en la casa, muy bien, si es en el hospital, también. Creo efectivamente que el factor confianza y seguridad juega un papel fundamental en el desarrollo del parto. Por eso, también es muy importante contar con el apoyo de la gente que te rodea, que no haya tensión o duda, que una se sienta libre de sus decisiones y respetada. Y por supuesto es fundamental rodearse de profesionales que tienen la misma visión que tú del parto y que te pueden ayudar a tener confianza en ti: sentirte escuchada con tus dudas, tus inquietudes, sentir que puedes confiar en su experiencia y saber que tomarán las decisiones adecuadas en cada momento. Y no olvidar que todo puede pasar y que hay que estar listos para cualquier situación.

Finalmente sucedió algo mágico: el mismo día en que hablamos con la doctora de la posibilidad de tenerlo en casa empezaron las contracciones…

Nunca se puede saber cómo va a ser un parto. Aunque mi idea durante meses fue de tenerlo en el agua, o por lo menos estar en el agua caliente durante las contracciones, finalmente no me moví de un metro cuadrado durante todo el trabajo de parto más que para ir al baño, y no se me hubiera antojado ni ir bajo la regadera. A pesar de eso, me sirvió mucho prepararme interiormente y visualizar el parto. Todo mi ser se estaba preparando. Soñé mucho con partos durante todo el embarazo; eran a veces muy raros –paría un negrito con barba, paría y seguía el bebé en la barriga…-, pero todos eran rápidos y sin dolor. Eso me ayudó mucho a tener confianza y a perder el miedo. Sentía que mi inconsciente se estaba preparando, buscando y encontrando soluciones. También me ayudaron mucho las lecturas que presentan a la mujer como actora de su parto, como dueña de su cuerpo y teniendo los recursos necesarios para parir (cf.bibliografía). Me encantó leer las experiencias de otras mujeres. Pensaba en todas las mujeres que habían parido durante siglos y llegué a sentir que hasta sola tenía que poder hacerlo, aunque sabía que no iba a pasar. En este punto sólo me podía visualizar pariendo parada, libre de mis movimientos y de mis actos. Finalmente, nadie había muerto por dolores de parto…
En la preparación y en el momento del parto me ayudó también mucho la yoga; la yoga enseñó a mi cuerpo -y a mi alma- a no identificarse con el dolor, a exhalar profundamente para soltar toda tensión, toda resistencia, a sentirse fuerte y poderoso, a saber que tenía recursos insospechados y una sabiduría interna infalible que sólo hacía falta escuchar. No sabía qué iba a utilizar durante el parto, pero sabía que mi cuerpo y mi intuición me lo iban a decir. Ya ansiaba parir, quería esta confrontación, estaba curiosa de ver de cuáles recursos disponía mi cuerpo para librar esta batalla.

Y se rompió la fuente…
Me puse un poco nerviosa: ya había llegado el momento, ya no había marcha atrás…
Y empezó el baile. Mis contracciones se hicieron sentir como dolores en la espalda baja. Seguí la sugerencia de la doctora que acababa de decirme que me doblara hacia delante e hiciera “el ocho” como en la danza del vientre para que se moviera el bebé con la espalda hacia mi barriga y no hacia mi columna vertebral. Y sentí que en cada contracción este movimiento me ayudaba a lidiar con el dolor. Realmente sentí cada contracción –ola de apertura, como las llamaba mi partera- como si me abrazara el dolor. Era a la vez una enfrentamiento, una batalla cuerpo a cuerpo y un abrazo cariñoso: como en el amor en que fuerza, ímpetu y violencia son el lenguaje de la ternura. Me apretaba el dolor con fuerza y yo me movía lentamente y rítmicamente como para permitirle fluir, para soltar un poco este apretón salvaje y para ayudarle a abrirme toda. Era como una agônia –una lucha- de igual a igual. El dolor era mi contrincante y mi aliado: me revelaba que no estaba ahí para aniquilarme y que podíamos ir de la mano para dar paso a este nuevo ser. Y siguió el combate amoroso siempre más fuerte, más intenso, e iba reacomodando mi postura: en cuatro puntos, moviendo la pelvis como una ola, sobre una rodilla y un pie, y finalmente en cuclillas. La doctora me comparó a un delfín, a un ave abriendo sus alas… y lo cierto es que hay mucho de animal en un parto. Otro de mis recursos fue la respiración y la voz. No tenía energía para decir chistes, pero reía interiormente pensando en los vecinos que debieron imaginar que tenía una noche de locura con un orgasmo a cada minuto –también me daba un poco de pena, pero no lo suficiente para inhibirme. Exhalaba como un fuelle y al final hasta cantaba. Salía de mí una voz desconocida, fuerte, ondulante.

Ahí estaba mi compañero, ahí estaban las doctoras, pero realmente yo estaba en otra parte, luchando en otra dimensión con ese “enemigo” invisible. Sin embargo, todos ellos fueron de una ayuda inestimable. Mi compañero respondió a todas mis necesidades proferidas como órdenes y tomó parte activa en el nacimiento de Lucio, sosteniéndome debajo de las axilas y ayudando al trabajo de la gravedad. Las doctoras no intervinieron durante todo el trabajo de parto sólo para decirme, en el momento de la expulsión, que abriera la garganta y llevara mi energía hacia abajo, y me ayudaron de manera vital con el bebé y para la expulsión de la placenta.

Cuando ésta salió de mi cuerpo, sentí que había regresado al planeta Tierra, al mundo “normal”, y que lo único que quería era dormir durante doce horas seguidas, lo que evidentemente no he podido hacer y que no voy a poder hacer por un buen rato…

Este parto natural, salvaje, hermoso, “animalesco”, me permitió recuperarme muy rápidamente y me dio también un gran regalo al ponerme en contacto con esa fuerza que yace en el seno de la naturaleza. Me dio la oportunidad de tocar las estrellas para después no olvidar que el corazón de un hijo –de cada uno…- es pura luz.

Bibliografía

-"Active Birth", de Janet Balaskas
-"The complete book of yoga and meditation for pregnancy" de Theresa Jamieson (tiene una parte de testimonios de mujeres que hicieron yoga).
-"The natural pregnancy book: herbs, nutrition and other holistic choices" de Aviva Jill Romm.
-“Con el consentimiento del cuerpo” de Thérèse Bertherat.

Entre los que no he leído, me hubiera gustado leer libros de Ina May Gaskin (“Spiritual Midwifery”, “Ina May’s Guide to Childbirth”) y el de Janet Balaskas sobre el yoga para el embarazo y el parto (“Preparing for Birth with Yoga”).